El presunto asesino de Joanna Díaz, la mató dos veces - Diario Suspenso | Últimas Noticias de Venezuela

El presunto asesino de Joanna Díaz, la mató dos veces

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Para Joanna Francisca Díaz Sánchez la estadía en Trinidad y Tobago, fue un calvario.


La que debió significar una segunda oportunidad en la vida, a sus prometedores 33 años, fue justamente lo contrario, representó el principio del final.


Separada de su tierra natal por un pasaje de aguas internacionales, estaba lejos y cerca a la vez.


Hermosa, jovial, amigable, llena de energía, buena gente, con un mundo por delante, terminó sepultada en un albañal. En el fondo de la casa de su homicida. En medio de aguas nauseabundas.


Dos meses antes, el presunto asesino cometió el primer crimen. Carter Tyson Lobin, cuya presentación en Facebook expresa: “U say ur a goon but Wants a goon to a goblin nigga / Dices que eres un matón pero quiere un matón para un duende negro”, publicó, también en la red social, que Joanna padecía una ITS (infección de transmisión sexual), 196 personas la compartieron.


No conforme con ello, manifestó en el mismo texto, en una generalización absurda:


“Hope that this message will help prevent the spread of HIV. Or if you want to get involve with a spanish woman you can get a free test at your local hospital…” 


“Espero que este mensaje ayude a prevenir la propagación del VIH. Si quieres involucrarte con una mujer hispana, puedes hacerte una prueba gratis en tu hospital local…”  


Para culminar:


“An those me who like to go to bar san meet spanish woman, just a matter of time you all end up like me…”


“Y aquellos a los que les gusta ir a bares a conocer mujeres hispanas, solo es cuestión de tiempo para que todos terminen como yo.”


Señalamientos avalados por un supuesto médico de la isla:


“When we were sent to the san Fernando hospital ward 2 the doctor told me that almost uevery Venezuela woman that came to the hospital for pregnancies tested positive for HIV…”


“Cuando nos enviaron a la sala 2 del hospital de San Fernando, el médico me dijo que casi todas las mujeres venezolanas que llegaron al hospital por embarazos dieron positivo al VIH.”


Es curioso que Lobin, para el tiempo de realizar esa publicación y posteriormente, sostenía una relación sentimental con una dama trinitobaguense, algo fácilmente constatable a través del intercambio de mensajes amorosos en Facebook, cuya reproducción omitiremos por respeto a la tercera persona en cuestión. Para él, por lo visto no representaba ningún problema, mientras que a aquella le manifestaba su amor, a Joanna, la persona que hoy podríamos definir como su obsesión, la exponía al escarnio público.


En un claro acto de xenofobia, cuyo fin era desprestigiar a la joven tristemente desaparecida, manifiesta haber sido contagiado para dar veracidad a la especie. ¿Y si fuera falso, cabría un castigo para el abusador? ¿Penalizan las leyes de su país tal abuso?


El agresor, confeso consumidor de psicotrópicos, acusa, difama, enloda, se ensaña empañando la imagen de la deltana, aprovechando su minusvalía al estar en tierra ajena, desprovista de muchos de los derechos de los nativos de la isla.


Lo hace con ella y con todas las mujeres latinas, que desarrollan su actividad laboral en locales nocturnos; en su opinión, “casi todas” están infectadas. Podría incluso afirmarse, que denota un cierto odio racial personificado en el gentilicio hispano: “Y aquellos a los que les gusta ir a bares a conocer mujeres hispanas, solo es cuestión de tiempo para que todos terminen como yo”.


Cabe preguntarse: ¿habría formulado las mismas afirmaciones si se tratara de una ciudadana de su país? ¿Habría publicado algo similar sobre una paisana? En el caso negado de que Joanna tuviera VIH, puesto que Lobin, aparentemente mantuvo una relación intermitente con ella, aun bajo la presunción de que estaba infectada, ¿no pudo ser él quien la contagio? ¿Por qué ella y no él?, siendo una persona que acostumbraba visitar lugares nocturnos y no tenía reparo en sostener relaciones fuera de su noviazgo.


Aborrece saber que se presenta como un redentor de la humanidad, cuando lo que hace es encubrir su manifiesto desprecio hacia la tucupitense:  


“I am educating others to prevent the spread of HIV, was in a relationship with Joanna Diaz and she gave me the HIV disease months after.”  


“Estoy educando a otros para prevenir la propagación del VIH, estaba en una relación con Joanna Díaz y ella me contagió la enfermedad del VIH meses después.”  


Peor aún, según hemos podido constatar en redes sociales de T&T, que algunos ciudadanos lo utilicen como justificación de lo que sucedió, procurando atenuar la gravedad del hecho ocurrido.


Es evidente que Lobin, estaba obsesionado e hizo cuanto pudo para destruirla moral y físicamente, algo que habría conseguido al asesinarla.  


Quedan además algunos cabos sueltos, supuestamente Joanna estaba embarazada de él, ¿Qué sucedió con el bebé? ¿Qué otro acto atroz pudo cometer el inculpado? ¿Qué pudo haberse visto la gestante obligada a hacer? Es algo que solo el presunto homicida sabe; Joanna se llevó consigo los secretos a la tumba.


Bajo otras circunstancias, estando en nuestro país, la joven pudo haberlo demandado por difamación, por abuso psicológico, casi seguro que por agresión física; acción judicial difícil ejecutable en su condición de migrante.


De ello se aprovechó Lobin, también de la seguridad, permisividad y lenidad, que le provee su entorno para despacharse en contra de nuestras mujeres.


Por desgracia Joanna murió, su memoria será un tramo más en ese largo y tortuoso camino que van abriéndose los venezolanos en la isla caribeña, en procura del respeto, la consideración y la valoración pública y privada hacia sus derechos.


Un absurdo crimen con ingredientes de xenofobia, odio racial, violencia, maltrato y obsesión, que nunca debió ocurrir.  


Descansa en Paz Joanna, Dios te brinde la dicha eterna que en la tierra tan difícil te fue conseguir.  

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